Todas las cartas de amor son ridículas. No serían cartas de amor si no fuesen ridículas.
También escribí en mi tiempo cartas de amor,como las demás, ridículas.
Las cartas de amor, si hay amor, tienen que ser ridículas.
Pero, al fin y al cabo, sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor sí que son ridículas.
Quién me diera en el tiempo en que escribía sin darme cuenta cartas de amor ridículas.
La verdad es que hoy mis recuerdos de esas cartas de amor sí que son ridículos.
(Todas las palabras esdrújulas, como los sentimientos esdrújulos, son naturalmente ridículas).
Fernando Pessoa
domingo, 13 de mayo de 2007
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